viernes, 12 de mayo de 2017





CAPITULO DOCE

Por la mañana me llamó Paquete, parecía algo más alegre que de costumbre, nada del otro mundo de cualquier forma, los tipos duros no acostumbran a gastar energías en algo tan superfluo como la alegría. Me citó en el restaurante de costumbre a la hora del almuerzo. Tendría información para compartir.
En la misma puerta del restaurante encontré a la camarera de la sonrisa bonita, llevaba una bandeja en la mano. Cuando me vio, la escondió teatralmente detrás de su espalda y me hizo un completo despliegue de dientes feos cortesía de la casa para clientes simpáticos.
-En una de las mesas me han pedido empanadas salteñas, estarán listas en cinco minutos. Si estás atento puedes venir y asaltarme cuando vaya a servirlas.
Le dediqué una de mis muecas feroces para provocar su risa. Me estaba acostumbrando a su sonrisa, sus dientes ya solo me parecían curiosos.
Al pasar me rozó con su cadera.
Sonreí, esas tonterías son las que te dan la falsa impresión de que el mundo tiene algún sentido.
Paquete estaba en la mesa del fondo, miraba como hacía el payaso y movía la cabeza como si yo fuese un caso perdido.
Probablemente lo era.
Probablemente lo somos todos, la diferencia es que cada quien tiene facilidad para perderse en un lugar distinto.
Me senté frente a Paquete y le dediqué una mueca de admiración tan falsa como la que había dedicado hacía unos segundos a la camarera.
-¿De verdad has conseguido algo que merezca la pena en tan poco tiempo?.
-Deja de hacer el idiota, algo hay, no mucho pero algo tenemos.
-Cuéntamelo.
-El chaval, Aurelio Cominges esta limpio, ni siquiera en tráfico hablan mal de él. Marco Santillana, también está limpio, al menos en España, ha residido en varios países, tanto en Europa como al otro lado del Atlántico. Donde tenemos algo es en el historial de Fernando Santiago, el Director de Contabilidad de la empresa. Este ya conoce lo que es sentarse delante de un juez para responder a un montón de preguntas, fue el Gerente de un chiringuito financiero que en su momento dio que hablar. A raíz de la quiebra que le afectó y causó la ruina de un buen número de pequeños inversores fue encausado por estafa múltiple, y condenado a cinco años de cárcel. Lo curioso de la historia es que no llegó a entrar. No me preguntes la razón, es posible que me lo cuenten en algún momento, pero por ahora no lo sabemos. Por lo que me contaste, Global es una empresa de altos vuelos.
-Esa fue la sensación que me dio.
-Probablemente acertada.
-Las empresas de altos vuelos no acostumbran a fichar a ex presidiarios para cargos importantes. A no ser que sus habilidades, por muy fuera de la ley que puedan estar le sirvan a los propósitos de la empresa.
-Di mejor a no ser que la empresa que les contrata tenga la intención de delinquir de la misma manera que lo hizo anteriormente, pero en esta ocasión con más cuidado. Santiago parece ser uno de esos malabaristas de la contabilidad empresarial, un mago que en lugar de sacar conejos de la chistera, saca balances cuadrados con más trucos que el saco de huesos de un hechicero bantú.
-Saberlo nos reafirma en que en esta empresa tiene mucho que ocultarle a la ley, pero nada más. Por lo que cuentas Santiago está en la calle con permiso de nuestro sistema legal, y si es así ni siquiera podemos presionarle.
-Siempre se puede presionar a la gente, si la emprendes a hostias con él ni siquiera es necesario que tenga algo que ocultar.
-¿Estás recordando viejos tiempos, Paquete?.
-No, solo filosofo, me encanta filosofar, especialmente si se trata de repartir leches, pero en este caso no creiq eu sea demasiado productivo. Nos tendremos que dedicar a Cominges. Es muy joven, no estará acostumbrado a que le presionen.
-Te han dicho que está limpio.
-Si, pero por muy limpio que esté trabaja allí y aunque no sea un punto fuerte forzosamente tiene que saber más de lo que sabemos tú y yo.
Yo hacía rato que pensaba que presionar a alguien de Global, tal como hice con el tipo que tenía mala suerte con los coches caros, era la única solución. Probablemente con una orden judicial que permitiese a un grupo de expertos revisar las cuentas de Global se lograsen mejores resultados, pero era algo que estaba fuera de nuestro alcance. Mejor no pensar en ello.
-Paquete, ¿recuerdas como llegué hasta Global?.
-Si, presionando a un amigo de Cominges. Y ahora tienes miedo de que si no te ha hecho caso y se ha largado, pongamos en peligro su vida al presionarle.
-No me gustaría, ya serían dos cadáveres sobre mi conciencia.
-Bueno, vamos a verle, si todavía anda por ahí puedo arreglármelas para que le tengan un par o tres de días en el calabozo. Y según como se vayan desarrollando los acontecimientos tomaremos las decisiones oportunas.
-¿Acusado de qué le vas a meter en el calabozo?.
-De no lavarse las orejas, de faltarle el respeto a su madre, de follarse al perro del vecino, de practicar el exhibicionismo en las inmediaciones de un colegio de monjas, de exaltación de la filosofía nazi con intención de faltarle al respeto a la familia real, de lazos consanguíneos con Frankestein, te asombraría lo sencillo que resulta enchironar durante un par de días a un inocente, lo realmente jodido es hacerlo con un culpable, a la media hora tienes a todo un bufete de abogados comiéndote las orejas. Estamos hablando de un par de días en el calabozo, hombre. Eso, si interesa, se apaña rápido teniendo los contactos adecuados. Además siempre tenemos lo de la compañía de seguros.
-Me parece poco probable que haya seguido adelante con la reclamación a la compañía de seguros, ya me hubiesen llamado para trasladarme su opinión acerca de mi falta de competencia.
-Pues lo que te he dicho, le acusamos de cascársela con demasiada frecuencia y además pasárselo bien. ¿recuerdas donde vive?.
-Claro.
Acabamos de almorzar, pagué yo y le dejé una buena propina a la chica que me cautivaba con su sonrisa y sus dientes. Me miró ladeando la cabeza y dijo: -Bueno, entonces no te cobro la empanadilla que me robaste el otro día.
Por primera vez desde que la conocí se me ocurrió pensar que tal le sentaría su sonrisa a mi cama. Creo que ella adivinó mis dudas porqué amplió su sonrisa y continuó su camino más cerca de mi de lo que obligaba la distancia entre mesas.
-Cósete la polla a los gayumbos, capullo,-me dijo Paquete acercando su boca a mi oído.
Probablemente era el mejor consejo que había recibido aquel día.
Los mejores consejos que recibes son siempre los que menos te apetece seguir.
Le pregunté a Paquete si le apetecía andar.
-Cada día corro por Montjuich, así que ya tengo cubierto mi cupo de ejercicio físico. Mejor para a un taxi y que pague tu cliente, así vera que no te pasas el día sentado en una mesa de bar jugando al dominó con un grupo de jubilados.
El taxi y el conductor no acababan de hacer juego. El coche era un Mercedes y el conductor un semi adolescente con las neuronas obturadas por un exceso de testosterona y adrenalina, que le prestaba más atención a los aullidos que salían de los altavoces que a los semáforos y sus molestos cambios de luces.
Paquete le prometió educadamente que al acabar la carrera le iba a dejar de propina una mano de hostias, si no dejaba de hacer virguerías con el volante y el acelerador.
-A que les llevo directamente a una comisaría,-dijo el chaval.
-Claro, capullo, así me ahorras trabajo,-mientras lo decía le plantaba la placa frente a los ojos.
-Arrea, Fernando Alonso, pero tranquilito que aquí mi amigo es muy asustadizo,-remachó Paquete.
Yo había cerrado los ojos y soñaba con los dientes feos de la camarera de la sonrisa bonita, mordisqueándome la oreja.
La casa donde vivía el tipo que tenía mala suerte con los coches caros daba la impresión de absoluta normalidad. Paquete llamó a la puerta mientras yo me escondía en un ángulo muerto. Dudaba mucho que si me veía quisiera abrirme. Al cabo de tres timbrazos sin que nadie viniese a abrir la puerta, Paquete preguntó:-¿Qué tal se te da abrir puertas con la tarjeta de crédito?, esa cerradura no parece gran cosa.
-Normalmente las abro,-respondí mientras buscaba en mi cartera una tarjeta de plástico duro.
-Pues procede, la calle está bastante despejada -dijo mientras se apartaba y se situaba de forma que cubría mi cuerpo con el suyo.
-¿Tu no sabes?, -le pregunté mientras manipulaba la cerradura.
-Pues claro que sé, pero prefiero que te metan en la cárcel a ti.
-Muy amable.
-Procuraré que te encierren en la celda de las putas para que no te aburras.
Paquete tenía razón, la cerradura no era gran cosa. Las luces del interior de la casa estaban apagadas y en el salón había un par de cajas vacías abiertas que tal vez habían contenido documentos, tres libros dejados de cualquier manera en el suelo, una prenda de vestir pasada de moda y lo que parecía un reproductor de compactos anciano. En el dormitorio principal el panorama era el mismo, enseres y objetos diversos por el suelo, la cama deshecha y las puertas del armario empotrado descorridas dejando ver su interior prácticamente vacío. La cocina mostraba mejor aspecto, abrimos la nevera, dentro zumos de fruta, cervezas, un paquete de jamón sin abrir, yogures, mantequilla, algo de fruta y huevos.
-El pájaro ha volado, -dijo Paquete.
-Yo se lo recomendé.
-Y te ha hecho caso lo cual parece darle credibilidad a la idea de que en Global hay gente que no duda en hacer daño si le conviene, vamos a revisar el resto de la casa.
El resto de la casa presentaba el mismo aspecto desordenado que el salón y el dormitorio principal. Alguien, con toda probabilidad el habitante de la casa, era el responsable del desorden. Había hecho el equipaje apresuradamente y se había largado, no se hacía evidente el menor signo de violencia. Parecía evidente que el tipo que tenía mala suerte con los coches caros no confiaba en la cobertura que le pudiese proporcionar Aurelio Cominges.
Yo tampoco, si hemos de ser sinceros.
Revisamos armarios, cajones, buscamos por suelos y paredes algún escondrijo. Revolvimos todo aquello que nos pudiese dar una pista, no dejamos sin mirar ni siquiera las dos bolsas de basura que había en la cocina y que no contenían nada de interés.
-Si esto fuese una película el muerto estaría en la bañera.
-No está, ya he mirado.
En el salón había un pequeño mueble bar con bourbon Market Mark, uno de mis preferido, una botella de ginebra y otra de coñac. Mientras Paquete, aconsejado por mi, preparaba dos vasos con bourbon, yo revoloteaba por el salón en busca de algún detalle que se nos hubiese pasado por alto. Prendí el televisor, en la pantalla un político contaba una historia tenebrosa acerca de otro político.
Ya se reconciliarían en la cafetería del Senado.
Apreté el botón de puesta en marcha del reproductor de D.V.D. situado bajo el televisor. La filmación que apareció en pantalla mostraba lo que sin demasiado esfuerzo se podía definir como un puticlub de lujo, elegante, lo que la gente de Marketing publicita como un Palacio del sexo. A mi particularmente mezclar marketing y sexo me parece tan aconsejable como tratar de curarse un resfriado con NAPALM, pero así son las cosas. Dejémoslo en que era un puticlub elegante, no creo que ni siquiera en el Departamento de Marketing más quisquilloso protesten por la definición.
Paquete vino con los dos vasos de bourbon. Se sentó a mi lado, observó ladeando la cabeza la escena que mostraba el televisor y dijo: -En peores plazas se torea, compañero.
-Y con peores toros, -añadí por decir algo señalando a las mujeres que esperaban su oportunidad sentadas en la barra o paseando por el local. Este bourbon está de puta madre, espero que no se presente nadie a estropearnos el trago.
-Este tío se ha largado para no regresar en bastante tiempo, se ha largado atemorizado. Si la casa es suya ningún problema y si es de alquiler aun es pronto para que venga el dueño, en caso de que le haya avisado, cosa que dudo mucho. Tenía prisa y miedo.
-Claro se lo metí yo en el cuerpo y juraría que le hice un favor.
Estuvimos un par de minutos en silencio saboreando el licor. En la pantalla del televisor, en un silencio antinatural que daba la impresión de que todo sucedía en una pecera alejada del tiempo y el espacio mujeres jóvenes de todos los colores trataban de convencer a los tipos que bebían en la barra, se sentaban en los sillones y paseaban por el local. Trataban de convencer al elemento masculino de que ellas eran aquella noche, la solución a su falta de felicidad y que el dinero que les iban a entregar era una excelente inversión. Finalmente la pantalla se llenó de estática con su correspondiente banda sonora.
-Se acabó la fiesta,-dijo Paquete.
-Eso parece, ¿qué tal si nos tomamos otro?, -le dije mientras alzaba el vaso.
-Nos largamos,-dijo Paquete,-llévate la botella si tanto te gusta, aquí lo único que hacemos ya, es arriesgarnos a tener que dar una serie de explicaciones complicadas por allanamiento de morada, como se presente alguien.
En aquel momento nos llegó un chasquido desde el televisor. La pantalla se iluminó de nuevo, aunque a la imagen no la acompañaba el menor sonido. El puticlub de lujo había desparecido siendo sustituido por lo que podría ser un antiguo almacén o fábrica. Desde la planta una escalera conducía a una serie de dependencias acristaladas con todo el aspecto de cariadas oficinas, en el techo colgados de vigas metálicas se podían ver grúas que en su tiempo debían correr por los carriles que cruzaban todo el lugar. Algunos de los cristales del techo estaban rotos de esa forma, poco clara, en que se rompen los cristales en los edificios que han dejado de ser utilizados para el fin por el que fueron construidos.
En la planta había gente, quizás quince o veinte personas, sentada en sillas desparejas alrededor de un espacio vacío, y aparentemente más aseado que el resto. Dos focos iluminaban un estrado pequeño en el que una parte estaba tapada por una cortina gruesa de color rojo que no permitía ver lo que había al otro lado. Uno de los focos iluminaba al lugar con una luz cruda y el otro de luz roja proporcionaba al espacio de una sensación brumosa.
-¿De qué demonios va esto?,-dijo Paquete.
-Un partido de futbol no parece que vaya a ser, vamos a esperar.
-¡Ay Dios!,-dijo el ex policía.
Cuando le interrogué con la mirada negó con la cabeza y siguió con la mirada clavada en la pantalla del televisor donde había empezado la acción.
De detrás de una cortina, situada al fondo del espacio rodeado de sillas, apareció un tipo con el aspecto de un cruce entre el hermano perverso de Jack el Destripador y una meretriz sifilítica. Dio un vistazo a la gente sentada, pareció satisfecho con la concurrencia y habló en dirección a la cortina. De allí salieron dos fulanos dotados con la masa corporal de un piano Steinway que descorrieron a medias dejando un espacio en sombras entre las que se adivinaban figuras humanas. Los tipos se situaron en la zona donde comenzaba la sommbre, de pie, con los brazos cruzados sobre el pecho en posición de vigilancia. Un nuevo foco de luz cruda iluminó la zona que hasta aquel momento había protegido la cortina. Allí una docena de mujeres se apretujaban como para darse calor o protección mutua. Una protección que difícilmente iban a encontrar. Vestían un somero bikini y las habían maquillado con más o menos esmero.
-¡Joder! Paquete, esto parece una subasta de ganado.
-Es una subasta, el ganado son esas chicas, alguna de ellas ya ha pasado por esto, probablemente yonquis. Tal vez haya alguna que se avenga al juego, aunque lo dudo. Pero al menos tres de ellas están ahí a la fuerza: la negra que cruza los brazos sobre el pecho es una de ellas, la rubia alta otra. Y fíjate en aquellas dos que se abrazan como para darse ánimos, esas también. La china, la china también.
-Es filipina.
-Bien, pues filipina. El resto ya sabe de qué va la fiesta.
-Si, están mucho más relajadas. No están contentas pero parecen sumidas en una especie de indolencia, fatalidad supongo que sería la palabra más adecuada. Fíjate en la muchacha de rasgos árabes con el pelo teñido de rubio, da la impresión que sonríe.
-No creo que esté contenta. Pero si, esta ya ha pasado por este trance, a las otras las acaban de reclutar para el oficio. ¿Sabes lo que me gustaría hacer?.
-Lo supongo.
El drama que estábamos viendo se desarrollaba en completo silencio para nosotros, lo que añadía dramatismo a la escena. La ausencia de cualquier sonido nos alejaba de la realidad en un sentido extraño. No dudábamos acerca de la autenticidad de la escena, el silencio era una demostración de nuestra nula capacidad para intervenir.
Sin embargo, dentro de aquella campana insonorizada la vida seguía su lamentable curso.
El hermano de Jack el Destripador, se acercó al grupo de mujeres, cogió a una chica de larga melena de color castaño y la llevó al centro del escenario, ella dio un par de pasos de baile y se quedó quieta allí. El maestro de ceremonias se dirigió al público y señalando a la mujer les dirigió una serie de frases cortas.
Algo de lo que dijo debía ser gracioso porqué hubo, entre el público, quien rió.
Un hombre que a pesar de su aspecto inicuo conservaba un rescoldo de elegancia, aun no del todo olvidada, se despojó de un sombrero hongo descubriendo una calva reluciente. Su mano se elevó con gesto decidido se la pasó por la cabeza y sonrió confianzudo. La mujer que estaba detrás de él, esperó un par de segundos antes de levantar la mano con el aire de quien espanta a una mosca especialmente molesta. El maestro de ceremonias señaló a los dos contendientes y lanzó una frase corta mirando al resto de los asistentes a la subasta. El hombre que había levantado la mano en primer lugar comenzó un movimiento que a mitad de camino se truncó, acabando por retocarse una melena inexistente. Al darse cuenta de que su movimiento podía ser confundido con una puja movió frenéticamente la mano izquierda en dirección al subastador. Al parecer, el no encontrar la melena de su recuerdo le avergonzó, se giró hacia la mujer que sonreía satisfecha y se encogió levemente de hombros.
El subastador hizo una seña a uno de los tipos fornidos, quien se acercó a la muchacha y se la llevó a un lugar detrás de la cortina que permanecía en sombras. La mujer que la había comprado acercó la cara al hombre mulato que estaba a su lado, con una expresión tan alegre como un ataúd, y le dijo algunas palabras, su dedo señaló la cortina y luego lo que interpreté como la puerta de salida. El hombre se levantó y se dirigió sin prisa a la parte trasera del escenario.
Ver aquel drama que seguía su desarrollo en el más absoluto silencio nos daba la impresión de estar detrás de una enorme pecera donde los protagonistas moviesen los labios exagerando los movimientos, sabiendo que del otro lado de la pecera nadie les escucharía y por tanto nadie les ayudaría. Su destino ya estaba fijado, nadie movería un dedo para librarles de él, por algún desdichado acontecimiento se habían convertido en pura mercancía en manos del peor mercader: la mafia.
Mientras yo pensaba en acuarios y películas mudas, fue sacada al escenario la muchacha oriental quien de un tirón trató de desasirse del tipo que la conducía a la zona más iluminada. La muchacha se resistía cada vez más enérgicamente, con desespero, probablemente presa de un ataque de nervios. El subastador le dijo algo al tipo fornido, este asintió con la cabeza y se llevó a la muchacha a la zona situada detrás de la cortina. Uno de los participantes de la subasta, un fulano de mejillas sumidas y tez oscura bajo una melena rizada, se dirigió al subastador y le dijo algo que le hizo sonreír brevemente. La mujer que había ganado la primera puja había encendido un cigarrillo y lanzaba cortos chorros de humo al techo, al escuchar la frase que acababa de lanzar el gracioso, se atragantó con el humo y sufrió un acceso de tos.
Una nueva mujer fue puesta debajo de los focos. En esta ocasión era la negra que apretaba los brazos sobre sus pechos y que pretendió mantenerlos en esa posición mientras la exhibían. El subastador se los separó de un fuerte tirón, ella permaneció cabizbaja, aterrorizada. Era la más joven del lote con diferencia, en otras circunstancias podría haber pasado por una colegiala prematuramente desarrollada. Las manos de los participantes en la subasta fueron levantándose en sucesivas pujas, elevando el precio en cada ocasión. La muchacha parecía haber perdido interés en lo que estaba sucediendo, como si toda aquella parafernalia no le concerniese. El subastador alargó una mano y le acarició un pecho mientras se dirigía al público, ella respondió con una mirada vacía. Al cabo de varias pujas, de nuevo fue la mujer que antes ya había ganado quien hizo la puja más alta.
Tras esa puja, la mujer, una mulata de culo enorme, se levantó y con el bamboleo propio de un cetáceo, desafiando su centro de gravedad y poniendo en peligro todo objeto no blindado situado a su alrededor, se dirigió a la salida, donde uno de los tipos que acompañaban al subastador la esperaba con las dos mujeres que había comprado. Les habían puesto un sobretodo por encima del bikini.
Una de las mujeres, a juzgar por el movimiento de sus hombros, lloraba.
La cámara había seguido toda la secuencia desde que la mujer se había levantado.
La mulata señaló la puerta con la cabeza y la cruzó, el tipo fornido salió cerrando la comitiva, empujaba a la mujer que lloraba. Probablemente se trataba de la negra joven. La toma en esta ocasión no era buena, quien filmaba no pudo o no quiso acercarse y con el sobretodo cubriendo a la mujer no me fue posible asegurarlo.
De manera repentina apareció de nuevo la estática en la pantalla del televisor. Permanecimos embobados mirando la pantalla vacía, hasta que transcurridos unos pocos segundos el sonido de la estática que sonaba como una sentencia de muerte se nos hizo insoportable.
Solté un largo silbido, tenía el vaso de bourbon aferrado en mi mano y los nudillos me blanqueaban por la fuerza que imprimía al apretón. Me levanté y fui hasta el reproductor, pulsé el botón de apertura de la bandeja y recogí el disco. Le eche un vistazo rápido, no tenía ninguna rotulación que le identificase.
Apagué el televisor, en la pantalla un presentador de concursos trataba de dotar de interés a una serie de actos insulsos mediante el procedimiento de gesticular y sonreírle al Universo entero.
Miré a Paquete, estaba pálido. Había sacado la pistola y la paseaba de una mano a la otra. Tenía la mirada perdida, todavía prendida de la pantalla vacía.
-Me hubiese gustado estar allí, podría haber librado al mundo de unos cuantos monstruos, el problema es que no hubiese sabido por quien empezar,- el ex policía estaba lívido y le costaba hablar.
-Trata de serenarte.
-Dame ese disco, -dijo.
-¿Qué quieres hacer con él?.
-Entregarlo a los compañeros, por supuesto.
-No, espérate, vamos a pensar con tranquilidad en lo que vamos a hacer a partir de ahora, hemos de estudiar nuestros próximos movimientos.
-Solo hay una cosa que se pueda hacer.
-Si la policía se hace con este disco, a corto plazo no creo que pueda hacer nada.
-Abrirán una investigación inmediatamente.
-Claro que abrirán una investigación, y es posible que la lleven a término con éxito. Eso será en un momento o en otro, cinco semanas, cinco meses, dos años, pero de lo que no tengo la menor duda es que a nosotros nos van a apartar de este caso, nos van a mantener tan lejos que ni siquiera seremos capaces de medir la distancia a la que estamos de este asunto. Y eso no es lo que nosotros queremos, al menos no es lo que yo quiero. Y no te ofendas Paquete, pero aun hay otra posibilidad.
-No.
-¿Qué quiere decir que no?. Aun no te he dicho de lo que se trata y ya te niegas a considerarlo.
-Sé perfectamente lo que me vas a decir.
-Claro que lo sabes. ¿Me puedes asegurar que el disco no va a quedar sepultado bajo un montón de papeles o en manos de alguien interesado en hacerlo desaparecer?.
-Yo no te puedo asegurar nada, pero hay un procedimiento a seguir.
-Tú tenías un procedimiento a seguir hasta que saliste de la policía, yo no lo he tenido nunca ni lo tengo ahora. El disco acabará en manos de la policía pero será cuando le convenga a la investigación que estamos llevando a cabo.
-A tu investigación me la paso por el forro de los cojones.
-No es eso lo convenido.
-No podemos permitir que esto continúe.
-No lo vamos a permitir si está en nuestras manos. Además tienes mi palabra de que si en un plazo breve no adelantamos, tendrás el disco y podrás ir con el a comisaría.
Paquete me lanzó un par de miradas asesinas, bufó, empezó a maldecir a todos los santos, se cagó en mi madre y en la suya, finalmente dijo: -Me tengo que acostumbrar a que ya no soy policía, me tengo que acostumbrar, ¡joder!.
Puse un par de dedos de bourbon en los vasos y le acerqué el suyo.
-Pero te juro que si me cruzó con uno de esos gusanos, se va al infierno sin confesión, luego ya hablaremos con el juez.
Asentí con la cabeza.
¿Qué otra cosa podía hacer?.
Abandonamos aquella casa con la sensación de que alguien le había dado la vuelta a los valores del mundo. Si una panda de desalmados podía hacer lo que habíamos visto con impunidad, o sin recibir un castigo proporcional al dolor que causaban, era señal, no de que algo se había podrido en Dinamarca. Tal vez Dinamarca entera se había podrido.
Comenzaba a entender a Paquete.
De acuerdo, Paquete es un peligro para la sociedad. Sin embargo el mal que él combatía era mucho peor que su forma de combatirlo. En esta vida nos pasamos la vida eligiendo, en muchas ocasiones el menor de los males.
Avestruces aparte, claro está.
Nadie nos vio salir de la casa y si alguien nos vio no le pareció mal.
Caminamos en silencio durante un buen rato.
Algo me rondaba por la cabeza, algo había olvidado y era necesario que lo recordase, porque tenía que ver con todo aquel podrido asunto.
Llevábamos un buen rato andando, en ningún momento contemplamos la opción de tomar un taxi. Tanto Paquete como yo necesitábamos quemar adrenalina, aunque fuese andando. Llegábamos a la calle Valencia cuando desperté. Allí, el recuerdo del Mercedes SLK rojo y el taller donde habían dado el cambiazo me refrescó la memoria.
El dueño del Mercedes, el tipo con mala suerte para ese tipo de coches, cuando le interrogué, me había hablado de los puticlubs donde no pagaba. Yo le había pedido una relación, había escrito algo en un papel y me lo había dado.
Me lo había guardado en la cartera sin mirarlo, en aquel momento aquella información no me pareció prioritaria, no tenía muy claro para que me serviría el nombre de los puticlubs donde el fulano no pagaba gracias a sus amistades.
Pero había llegado el momento de tener en cuenta aquella información.
-Paquete, ¿tú sabes que club puede ser el que sale en la grabación?.
-¿El puticlub del principio?.
-Si.
-No, no son los lugares a los que prefiero ir. Claro que he estado en más de uno estando de servicio, pero a mí en principio todos me parecen iguales y no era el tipo de servicio al que más me dedicaba, eso es cosa de los de antivicio.
Saqué el papel y miré lo que el hombre que tenía mala suerte con los coches de gama alta había escrito en él: Montemar, Jaguar, Pirañas.
Los tres nombres me sonaban vagamente, había oído hablar de ellos, estaban de moda etiquetados como supermercados del sexo.
-Probablemente será uno de esos tres, -le conté como había conseguido aquellos nombres y a Paquete saberlo le suavizó ligeramente la expresión.
-Veo que me vas a llevar de putas. Me estás resultando una mala compañía, Atila. Eres excesivamente violento para un hombre tranquilo y respetuoso de la ley como yo. Y para acabarlo de arreglar quieres llevarme a alguno de esos tres antros de perdición.
-A los tres si es necesario.
-No veo que vamos a sacar paseándonos entre un montón de putas y los salidos que las acompañan, preferiría un método más expeditivo.
-¿Entrar en Global pegando tiros, por ejemplo?.
-Me parece una idea excelente, aunque estoy de acuerdo contigo en que es irrealizable.
-Pues ya me dirás.
-Hagamos intervenir a la policía, si hablo con ellos aun puedo conseguir que no nos aparten del todo de la fiesta.
-¿Qué no nos aparten del todo de la fiesta?. Oye Paquete, esta fiesta es nuestra y digo nuestra porque me pediste entrar y te dije que de acuerdo, que entrabas, pero puse mis condiciones. Y la principal es que el organizador de la fiesta soy yo. Estuviste de acuerdo, ¿recuerdas?.
-Recuerdo.
-Muy bien, pues ahora no me vengas con mariconadas. Cuando llegue el momento de que tus amigos entren a saco, les avisaremos. Así que nos vamos de putas, escoge el que más te guste de los tres porque nos vamos de putas.
-De acuerdo, colega, a los tres si es necesario, -mi socio a la fuerza sabía que en aquella fase de la batalla tenía las de perder y había decidido replegar fuerzas para el momento en que las circunstancias le resultaran más favorables.
Decidimos, sin embargo, que aquella noche no era la más adecuada para visitar aquel tipo de locales, el razonamiento de Paquete fue el siguiente.
-Me liaría a tiros, Atila, mataría a tantos de esos hijos de puta como pudiese. En cuanto detectase a uno le pegaría un tiro..
Su tono de voz era sorprendentemente frío.
Casi sonreía al decirlo.
Yo, aquella noche no me liaría a tiros con nadie, sin embargo no me molestaría ver como Paquete lo hacía. Una noche más o menos no iba a marcar una diferencia importante.














NOTA DE PRENSA.-

20 Minutos edición Barcelona 24/01/2012

MAS ESPIAS PARA FRENAR EL TERRORISMO YIHADISTA

El Director General de la Policía Ignacio Cosidó advirtió ayer que la amenaza terrorista yihadista “persiste” en Catalunya, donde en los últimos seis años la Policía Nacional ha desarticulado 12 células islamistas y ha detenido a 127 supuestos terroristas vinculados con estos grupos, especialmente en el área de Barcelona.
Cosidó , en la presentación de Agustin Castro Abad como nuevo jeje superior de la Policía Nacional en Catalunya, adelantó que este cuerpo centrara todos sus esfuerzos en impedir la comisión de cualquier atentado o acción terrorista. En este sentido aseguró que Catalunya tampoco puede ser utilizada “de ningún modo” como plataforma para reclutar, apoyar o financiar el terrorismo yihadista en otros paises, por lo que consideró “viral” reforzar la inteligencia policial para anticiparse a los actos terroristas y prevenir la radicalización de cualquier colectivo.
El segundo gran cometido será combatir el crimen organizado, ya que, Barcelona, según Cosidó, es un “punto de atracción” para las redes trasnacionales de delincuencia por su “dimensión, dinamismo y posición geoestratégica en el Mediterráneo”. El pasado año ya se detectó la presencia de sesenta y cinco redes de crimen organizado, de las que más del setenta por ciento se logró su desarticulación.
CONTROL DE LA INMIGRACIÓN.
Otro de los principales retos será combatir la inmigración irregular y el tráfico de seres humanos. De hecho en 2011 se desarticularon cuarenta y cuatro redes dedicadas al tráfico de personas y se practicaron más de mil doscientas detenciones por falsificación de documentos, o explotación laboral y sexual de extranjeros.

sábado, 6 de mayo de 2017

CAPITULO ONCE

Es cierto, he dicho que tenía una pista

La pista que debía seguir y olvidarme de asuntos que no me concernían se llamaba Global Asesoría e Inversiones y estaba dirigida por un fulano que se llamaba Aurelio Cominges.
Aquello era lo que iba a hacer.
Aquello era lo que sabía hacer.
Lo que no sabía era salvar al mundo.
Ni siquiera a mi puto país.
Esa era una cuestión de jueces y legisladores.
Y si ellos que podían no lo hacían…
Mi teléfono móvil me cosquilleó la entrepierna.
Alguien me dijo en una ocasión que la tecnología avanzaba tan rápido que a no tardar mucho los móviles serían capaces de masturbarte.
Bueno…
La voz de Lena me informó que una señorita me esperaba en el locutorio, le había dicho que era amiga mía, que se trataba de algo muy urgente y me esperaría. Se llamaba Carmen y no tenía mal aspecto, según los parámetros de Lena para juzgar el aspecto de mis amigas. Parámetros que de un día a otro podían variar siguiendo un flujo misterioso que nunca he sabido valorar.
Me extrañaba que Carmen se presentara en el locutorio en lugar de llamarme al móvil tal como habíamos convenido. De un embarazo fulminante no creía que se tratara, de un día para el otro no acostumbra a manifestarse. Sin tener en cuenta que la noche anterior Carmen no había mostrado la menor preocupación por aquellos detalles mientras hacíamos el amor. Respecto a que se presentase con urgencias fulminantes, al día siguiente de nuestra primera noche, prefería no pensar en ello.
Sentada en la silla que tengo frente a mi pantalla de ordenador, esperaba, no mi Carmen, si no la Carmen de Paquete. Al menos con ella podía tener la absoluta seguridad de que no estaba embarazada, pero su presencia me intranquilizaba.
-Buenos días, Carmen, esta si que es una sorpresa.
-Buenos días, Atila. Y por la cara que pones no creo que mi presencia te resulte placentera. No te preocupes no voy a tratar de seducirte.
-Tú si que sabes tranquilizar a un hombre, Carmen.
-En primer lugar me gustaría disculparme por mi comportamiento de ayer noche.
Hice un gesto con la mano señalando al infinito que no comprometía a nada.
-He venido porqué quiero que me hagas un favor, se perfectamente que no te gustará hacerlo, sé que no tienes obligación de hacerlo y sé que no tengo el menor derecho a pedírtelo.
-Pues no me lo pidas.
-Si que lo voy a hacer, creo que eres la persona indicada y créeme no hay muchas personas que lo sean. De entre las pocas que conozco tú eres quien está más a mano. Créeme, estoy acostumbrada a juzgar a la gente al primer vistazo, en ocasiones me equivoco, pero en este caso estoy segura de acertar. Tal vez la desesperación me confunda pero te ruego que confíes en mi y hagas lo que te pido.
-De acuerdo doctora, si está en mi mano puedes contar con ello.
-Claro que lo está. Te dejo encargado de decirle a Paquete que me voy.
-Carmen, por Dios, que no tenemos quince años.
-Cállate, por favor y escúchame. Paquete y yo nos estamos destrozando, acabaremos mal. Y no, no tenemos quince años, pero actuamos como si los tuviésemos por mucho que las armas con que nos dañamos son de adulto. Somos niños peligrosos.
-A mi me parece sencillo, acabáis la relación y listo.
-No, no es sencillo, no podemos vivir sin hacernos daño. El otro día me hubiese ido a la cama contigo sin conocerte en absoluto, sin desearte especialmente, lo haría solo para hacerle daño a él. He hecho el amor con hombres en circunstancias que Paquete nunca hubiese llegado a sospechar y sin embargo me he encargado de que lo supiese, de una forma o de otra se lo he hecho saber.
-¿Él hace lo mismo?.
-No lo sé, si lo hace no me lo dice, supongo que es su manera de aceptar un castigo que cree merecer, pero no te apresures a sacar consecuencias, sabe como hacerme daño. Y yo lo acepto por las mismas razones, es la parte del castigo que me he ganado.
-Te lo repito, acabáis la relación y listo.
-No puedo vivir con él y no soy capaz de vivir sin él. Y es mutuo, a Paquete le pasa lo mismo.
-No le perdonas que metiese a tu marido en la cárcel.
-¿Así que te lo ha contado?.
-Si, un momento antes de que te acercases a nuestra mesa.
-Mi marido es un perfecto hijo de puta, es un asesino, si está suelto hará daño. Y no es demasiado selectivo a la hora de hacer daño. Por lo que a mi respecta se puede pudrir en la cárcel hasta el último día de su vida.
-Perfecto, no entiendo nada.
-Nosotros quizás si que lo entendemos, pero entenderlo no nos ayuda en absoluto, en nuestro caso el raciocinio está varios escalones por debajo de nuestras compulsiones Me marcho, quiero tener una temporada de reposo y poner en orden mis pensamientos. Quiero saber si puedo vivir con Paquete sin hacerle daño y quiero que él lo medite y llegue a sus propias conclusiones.
-Ya lo has hablado con Paquete.
-No.
-¿No?.
-No, si lo hago no me permitirá marchar, me convencerá para que me quede y todo seguirá igual, por eso necesito que alguien se lo explique.
-Y has pensado que yo soy la persona más adecuada.
-Sin duda. Te pido que se lo cuentes como yo te lo he contado, no hace falta que te esfuerces, repite mis palabras, él sabe que es así por mucho que no quiera reconocerlo.
-Veras, Carmen, a mi siempre me habían asegurado que los siquiatras estáis un poco locos. No me lo creía, pero empiezo a pensar que algo se os pega de vuestros pacientes.
La sonrisa de Carmen no tenía nada de alegre, era una aceptación de mi falta de entusiasmo, su mano se posó en la mía y me la apretó ligeramente. Tenía la piel suave y cálida y en los ojos un brillo de lágrimas apenas contenidas.
-Atila, él tiene pocos amigos. Todos ellos con la mentalidad de machos vocacionales, gente dura, ese tipo de gente que considera que llorar por una mujer es una muestra de debilidad imperdonable. Y tendría que dar explicaciones que le harían daño, esa es la razón por la que ninguno de ellos me sirve. A ti no hace falta que te explique gran cosa, tú viste una parte de lo que pasa entre nosotros y sin necesidad te contó algo de lo nuestro, principalmente esa es la causa que crea que tú eres la persona adecuada para esta misión. Paquete te respeta, no solo debido a que me rechazaste para no hacerle daño, si no porque tienes más de una coincidencia con su forma de ser.
-¿Todo eso has sido capaz de ver?.
-Todo eso,- de nuevo aquella sonrisa carente de alegría.
-Me estás buscando problemas, Carmen.
-No muchos, supongo que has tenido que dar muchas malas noticias a lo largo de tu vida.
-Si, es mi trabajo, pero cuando alguien me contrata, en el mejor de los casos ya sospecha que va a recibir malas noticias, yo lo único que hago es confirmarlas.
-No te alejarás mucho de ese entorno.
-¿Y donde te vas, cuando te vas?.
-Hoy, pero no te voy a decir donde voy, es un lugar donde no me va a encontrar. Ni siquiera contratando a un buen detective privado. Por eso no te lo digo.
-¿Y no se te ocurre nadie más que pueda decírselo?.
-No, nadie.
-Escríbele.
-Eso aun le haría más daño, díselo tú, eres la persona idónea. Si siente la necesidad de descargarse hablando contigo tal vez lo haga, no conozco a nadie más con quien se atreva a hacerlo. Sois muy parecidos, piensa que le haces un favor a él, no a mí.
-De acuerdo, hablaré con Paquete.
Dio la impresión de que Carmen iba a levantarse dando por terminada la conversación, pero frenó su impulso, permaneció quieta mirando el suelo, acabando de decidir algo, finalmente suspiró, hizo que su mano revolotease sobre la mia sin llegar a tocarla y dijo:-Dile que deseo poner en orden mi cabeza y que le quiero, si lo consigo volveré a buscarle. Dile que él debe hacer lo mismo.
-¿Y si llegas a la conclusión de que no tenéis solución?.
-No volveré, pero se lo haré saber para que haga con su vida lo que quiera.
-Eso puede empezar a hacerlo desde mañana mismo.
-No, Atila, no puede.
-O sea que tú decides cuando, como y donde.
-“Y tú siempre me respondes, quizás, quizás, quizás.” ¿Conoces esa vieja canción?.
-Claro, quien no.
-Mira Atila, si cargo yo con la responsabilidad de tomar la decisión del cuando y sobre todo del como, es solo porque estoy convencida de que soy más fuerte que él, pero no me gusta el papel de directora de orquesta, no en este asunto.
-Claro como el agua.
-No voy a ofenderte ofreciéndote dinero para que hables con Paquete, sé que lo harás por nosotros, por Paquete y por mí. Y quien sabe, tal vez algún día pueda devolverte el favor. Me voy Atila.
Asentí con la cabeza mientras se levantaba de la silla, pero aun tenía una cosa por decir.
-¡Ah! Y, de nuevo, gracias por no dejarte seducir el otro día, espero que no fuese porque no te gusto.
-Anda vete, no sabes las cosas que se puede llegar a hacer dentro de esas cabinas.
En esa ocasión la sonrisa de Carmen era casi sincera, aunque muy breve.
Cuando Carmen se marchó, Lena que no nos había quitado ojo de encima, vino a verme.
-¿En que lío te metiste ahora?. Y no vengás con el chiste de que es una clienta, ¿ok?.
-No, no es una clienta, pero es muy complicado contarlo, tendría que remontarme al Paraíso Terrenal, ya sabes, la manzana, la serpiente, el bikini de Eva, todo eso.
-O sea, que tu te lo buscás y tú te lo bancás, y a la pobrecita Lena ni palabra.
Le conté a la pobrecita Lena la historia completa.
En caso contrario no me hubiese dejado vivir.
-Che, viste que me cae bien la mina,-dijo Lena.
-Claro, empatía entre mujeres.
-No, boludo, falta de empatía con los hombres.
Y se alejó marcando con la mano los compases de un tango.
No fui capaz de saber cual.


Salí a la calle, era la hora del almuerzo y el restaurante donde podía estar Paquete no quedaba lejos, así que fui paseando. Si no estaba, al menos gozaría de la chica que tenía una sonrisa bonita llena de dientes feos. Y si estaba pasaría el mal rato dándole el recado de Carmen, estas cosas cuanto más rápido se hacen menos duelen. Mientras me dirigía al restaurante pensaba en lo bien que me sentiría, en aquel momento, si me hubiese negado al requerimiento de Carmen. Aunque sin ser demasiado ambicioso también podría lamentar haber escogido mi oficio. En lugar de detective podría limpiar pescado en La Boqueria rodeado de mujeres vocingleras o recolectar flores en los viveros del Maresme compitiendo en habilidad con los senegaleses que al abandonar la patera habían tenido la suerte de recalar en la costa con un trabajo decente. Pensar en los negros del Maresme llenó mi mente de imágenes: Abdoulaye, derrengado en la silla después del tratamiento al que le había sometido Ayoub, Abdoulaye degollado en su cama. Abdoulaye canturreando tonadas mágicas para impresionarme.
Las imágenes dejaron paso a un pensamiento imbécil: ¿pensaba Abdoulaye en lo bien que estaría recolectando rosas mientras Ayoub le castigaba o el dolor excesivo te impide cualquier clase de pensamiento?.
Seguí caminando, al fin y al cabo lo mío no era tan malo.
Paquete estaba sentado en una de las mesas del fondo comiendo una empanada, parecía moderadamente feliz. La chica de la sonrisa bonita, al verme me hizo una completa exhibición de sus dientes. Paquete ladeó la cabeza y me interrogó con la mirada. Me senté frente a él.
-¿Me añorabas, Atila?, -todo rastro de felicidad moderada había desaparecido del rostro de Paquete, imagino que estar acostumbrado a recibir malas noticias tiene esas cosas, desarrollas un sexto sentido que te pone en guardia.
Otra cosa es que ese sexto sentido te sirva para algo.
-No exactamente, aunque creo que podría acostumbrarme a tu compañía, siempre claro esta que entre visita y visita dejase pasar un lapso de tiempo considerable, un par de quinquenios, por decir algo. Tengo un recado para ti.
-¿Un recado?.
-De Carmen.
-¿Que coño…?.
-Te quiere mucho, se larga, tiene que pensar en vuestra relación, quiere encontrar la manera de convertirla en algo valioso o acumular las fuerzas necesarias para no verte más, no la busques, no la encontraras, cuando llegue el momento ella se pondrá en contacto contigo.
Se lo dije todo de corrido antes de que explotase, acababa de borrar cualquier mal pensamiento que se le hubiese ocurrido al saber que la mujer de su vida me daba recados para él. Denle a un tipo que desconfía de ti una buena razón para sentirse desgraciado y dejará de desconfiar. Al menos por un rato.
En ocasiones un rato es suficiente para largarte y que no te pille en la primera subida de adrenalina.
Y mientras te busca se le va pasando el cabreo. (Primer capitulo del manual de supervivencia en tierra hostil).
-Dime donde ha ido, -las facciones de Paquete se habían convertido en una mascara de piedra que no mostraban ninguna emoción.
-No me lo ha dicho, supongo que ha pensado que de esta manera aunque me pongas la pistola en la boca no podré decírtelo.
-No creas que no siento deseos de hacerlo, ¿porqué ha venido a verte a ti precisamente?.
La ausencia de desconfianza dura poco en casa del dolido.
-Dice que como soy tan impresentable como tú, tal vez sepa hacerte menos daño.
-¿Menos daño?.
-Si. Al parecer confía en mi capacidad para transmitir malas noticias. Y por esa corriente invisible de simpatía que se establece entre dos tipos impresentables, cosas así, ya sabes. Lo dice ella, yo mantengo serias dudas al respecto.
-¿Y como sabía donde encontrarte?.
A juzgar por el tono de voz se lo estaba creyendo, estaba más cerca de dejarse consolar por mí que de ponerme la pistola en la boca.
-Imagino que tu mismo le dirías algo que la ha ayudado.-el ex policía durante unos segundos meditó mis últimas palabras, luego asintió levemente con la cabeza.
La camarera, con todos sus dientes vino a preguntarme que quería para comer, hice un movimiento negativo con la cabeza y empecé a levantarme.
-Tráele una ración de tortilla de calabacín y una cerveza… y dos empanadas,-dijo Paquete sin mirarme.
Me senté de nuevo, para Paquete aquello era una petición de consuelo. Tan poco sensible como quieran, pero una petición de consuelo al fin y al cabo. Además, yo no he dicho nunca que ese fulano fuera un tipo sensible.
Paquete empezó a hablar fijando su mirada en mí, aunque yo estaba seguro de que no me veía.
-En el fondo tiene razón, la nuestra es una de esas relaciones que te parten las piernas del corazón, no te hace feliz pero te incapacita para correr detrás de nuevos amores. En ocasiones miro a Carmen y veo cincuenta kilos de dolor con forma de mujer, y me imagino que mi aspecto no es mucho mejor. Y sin embargo tengo el convencimiento de que esa mujer es mi salvación.
-Eso mismo piensa ella, por eso se larga y espera que algo, creo que tampoco sabe muy bien el qué, os ayude a reencontraros.
-Ahora me gustaría que me dejaras solo, Atila.
-Hombre, ahora que ya me había ilusionado con la tortilla de calabacín…
-Anda, lárgate. Y gracias, creo que podemos acabar siendo amigos si antes no te he pegado un tiro.
Cuando cruzaba el local camino de la puerta casi tropiezo con la camarera, quien toda ella dientes y sonrisas, transportaba un plato con una ración de tortilla de calabacín y dos empanadas argentinas. Le cogí una del plato, le guiñé un ojo y seguí caminando.
Era una empanada salteña, estaba buena.



La sede de Global, Asesoría e Inversiones, no estaba rodeada por gitanos rumanos ni por sus alrededores circulaban pistoleros kazajos, tampoco repartidores de pizzas armados con metralletas. Era una zona soleada y tranquila de la parte alta de Barcelona, jóvenes mamás paseaban carritos de bebés rubicundos y los coches que aparcaban por los alrededores tenían asientos de piel y cosido al parachoques el pedigrí de fábrica. Así que entré, a ver si dentro tenía más suerte y además de lujo pacifico encontraba mafiosos.
Sobre la mesa de recepción, en una pared pintada de un relajante color amarillo pálido, seis relojes mostraban la hora de distintas ciudades del mundo: New York, Tokyo, Pekín, Camberra, Sao Paulo y Nueva Delhi. Imaginé el cabreo que podía coger un natural de Buenos Aires que entrase en Global Asesoría e Inversiones al ver que no tenían en cuenta a su ciudad. Me prometí no contárselo a Lena, lleva lo de su porteñeidad a la intemperie y cualquier cosa la hiere.
Imagino que a Ángela Merkel no ver Berlín colgado de la pared también la heriría. Pero es distinto, a ella no la veo cada día.
En la mesa de recepción, justo debajo de Pekín y Sao Paulo dos bellezas competían por ganar el concurso de Miss Piernas Largas 2011. Me dirigí a la que me pareció más modosita.
-Buenos días señorita, quisiera hablar con el señor Aurelio Cominges.
-¿Tiene usted cita concertada con el señor Cominges?, -la chica me sonreía con la mueca ausente con que se cubre cada lunes a las nueve de la mañana y no se quita hasta el viernes a la hora de abandonar la oficina, en cada ciudad del mundo una hora distinta..
-No.
Imaginé que Miss Piernas Largas, (había decidido que el premio sería para ella) me miraría de arriba abajo y ordenaría a un ejercito de eunucos musculosos que me azotasen.
No lo hizo.
-Permítame un segundo, mirare si le puede atender ¿de parte de quien?.
-Atila.
Asintió sin componer la expresión de asombro burlón acostumbrada cuando digo mi nombre. Debía estar acostumbrada a nombres más curiosos. Tomó unos pequeños auriculares, se los acomodó delicadamente en la cabeza de forma que ni uno solo de sus bien peinados cabellos pudiera sentirse molesto, pulsó una zona de una pantalla táctil y le habló a los auriculares.
-Aurelio, ¿puedes atender al señor Atila?, -una sonrisa apenas perceptible le curvó delicadamente los labios.
Ni me inmuté, el chiste lo conocía desde mi época escolar.
-El señor Cominges le atenderá dentro de un momento, tome asiento, por favor.
Demasiado fácil, Atila, demasiada suerte. O aquel tipo no era el baranda que yo imaginaba o aquel era el “Día Mundial de la Amabilidad Para Con Quien No Se La Merece”.
También podía ser que el hombre que tenía mala suerte con los coches caros le hubiese hablado de mí en lugar de largarse corriendo a otro continente, tal como yo le había aconsejado. También podía ser que estuviese viviendo mi día de suerte.
Si era eso, antes de marchar le tiraría los tejos a Miss Piernas Largas.
Un tipo elegante de alrededor de cuarenta años, salió por una puerta, se frotaba las manos desde los dedos a la muñeca, las olisqueó y pareció satisfecho. Fue un gesto innecesario, todo él despedía un fuerte aroma de colonia cara. Se dirigió a mi chica con la confianza que proporcionan a los hombres maduros y elegantes según que aromas.
Me peine con los dedos por si el tipo era Aurelio Comínges.
La colonia me la había dejado en casa.
-Sara, cuando lleguen los señores que estoy esperando pásalos a la sala VIP y avisa al jefe que paso a buscarle, por favor.
-De acuerdo, Santiago.
¿De acuerdo, Santiago? ¿Avisa al jefe que pasaré a buscarlo?. ¿Entonces quien coño era Aurelio Cominges, el botones que servía los cafés?.
Aurelio Cominges era el tipo que acababa de aparecer y sonreía servilmente a Santiago al cruzarse con él. Aparentaba menos edad que su antiguo compañero de colegio, daba la impresión de acabar de pasar la treintena. Se plantó frente a mí y me tendió la mano.
-Señor Atila, si es tan amable de acompañarme.
En aquel momento tuve la certeza de que no iríamos a la sala VIP.
Una pena, porqué cuando te acostumbras a la sala VIP ya nada es lo mismo.
La sala adonde me condujo Aurelio Cominges cubría la misma superficie de mi casa, aunque no tenía cañerías en el techo. Los dos sillones frente a una mesita baja con un sobre de vidrio sostenido por dos tallas de madera simulando cabezas de elefantes, felices antes de conocer al Rey de España, daban la impresión de haber sido diseñados para que los ocupase gente de mayor calibre económico que el mío, pero no me quejé.
Si me portaba bien, tal vez me permitiesen trasladarme a vivir a aquella sala.
Haría una grabación de los ruidos de las cañerías que surcan el techo de mi vivienda y la escucharía cuando me embargase la soledad.
Ya me veía instalado en aquella sala.
Yo soy un tipo modesto, pensándolo bien, no necesito para nada la sala VIP.
-¿Desea tomar un café o cualquier otra cosa?,- Aurelio Cominges me sonreía servil.
Pensé que otra cosa le podía pedir a Cominges, pero no se me ocurrió nada.
-No, gracias.
-Bien, pues dígame en que le podemos servir.
Recordé que Miss Piernas Largas no le dijo que había preguntado por él directamente, y reacondicioné mi discurso, que en principio pasaba por hacer referencia al tipo que me había dado su nombre. No quería tener otro muerto sobre mi conciencia, con Abdoulaye tenía suficiente para una buena temporada.
-Vera, señor Cominges, el año pasado Hacienda me castigó con cierta dureza y gente de mi confianza me ha comentado que hay empresas especializadas en tratar esa clase de problemas con discreción.
-Efectivamente, es nuestro trabajo.
-Claro, por eso estoy aquí.
-Y dígame señor…
-Atila, llámeme Atila, por favor.
-Bien, le preguntaba ¿de que clase de negocio estamos hablando, o prefiere de momento no mencionar según que clase de detalles?.
-No, no hay razón para ocultar nada, soy el propietario de una empresa de lampistería, ya sabe arreglos en el hogar, instalaciones de gas, agua, sanitarios, esas cosas.
Por los ojos de Aurelio Cominges pasó una sombra entre divertida e indignada.
-Ya, ¿y a través de la empresa de lampistería o paralelamente a ella hacen incursiones en otra clase de negocios?.
-¿Incursiones?. No, vera somos una empresa pequeña pero con buenos clientes en el barrio. De hecho mi padre fundó la empresa y tenemos clientes que vienen de muchos años y nos proporcionan un buen ritmo de trabajo, a mi y a mi ayudante.
-Señor Atila, permítame que le haga una pregunta.
-Claro, por supuesto.
-¿Cuánto le tuvo que pagar a Hacienda, el año pasado?.
-¡Óh!, salió positiva, en mucho, casi llegamos a los mil euros, y eso arriesgándome a hacer alguna trampilla.
-Me parece que no somos la empresa adecuada para ocuparnos de sus finanzas señor Atila, tal vez alguno de los gestores de su barrio. Pero permítame una pregunta, ¿quién le ha dirigido a nosotros?.
-¿Dirigido?. ¡Ah, ya entiendo!. No, nadie, pasaba por aquí y al leer la placa con el nombre de su empresa y dado que hoy voy sin prisas, he pensado que tal vez…
-Bien, no se preocupe señor Atila, pero me reafirmo, con toda probabilidad un gestor de su barrio podrá atender sus problemas mucho mejor que nosotros,-mientras lo decía desplegaba su cuerpo del sillón para indicarme que ni él ni su empresa estaban dispuestos a perder ni un segundo más con un ciudadano tan vulgar como yo.
Aurelio Cominges me acompañó con amabilidad profesional a recepción. Justo en aquel momento los visitantes importantes eran conducidos a lo que imaginé sería la sala VIP por un atento y elegante Santiago. En la puerta de la sala VIP les esperaba un sonriente caballero tendiéndoles la mano. Su sonrisa demostraba el convencimiento de que, en ningún caso su mano sufriría maltrato. Alcance a escuchar a Santiago hacer la primera presentación.
“Les presento a Marco Santillana, nuestro Gerente”.
No alcancé a escuchar los nombres de ninguno de los visitantes, Aurelio me empujaba amable pero firmemente hacia la salida. De ellos solo puedo decir que eran tres, dos hombres y una mujer, los tres de media edad, bien vestidos. Y si algo me llamó la atención fue la impresión de que la mujer pertenecía a la raza eslava mientras los hombres eran típicamente mediterráneos.
Mi favorita para el titulo de Miss Piernas Largas ni siquiera se dio cuenta de que perdía la oportunidad de iniciar un romance con un detective marginal.
He conocido más de una mujer como ella. Con seguridad aquella misma noche estaría profundamente arrepentida de haber dejado pasar la ocasión. Pero en aquel preciso momento su atención estaba prendida en la mujer de apariencia eslava que entraba en la sala VIP, comparaba la longitud de sus piernas con las propias.
Le di un empate técnico.
Las dos estaban fuera de mi alcance.
En la calle, sentado al volante de un Jaguar aerodinámico aparcado en doble fila, esperaba un tipo al que le sentaría mejor un fusil de asalto que una corbata de lazo.
Repasé la situación mientras el tipo que añoraba el fusil de asalto me miraba mal, protegido por unas gafas de sol más caras que el traje que mi ex mujer me hizo comprar para que no hiciese el ridículo el día de nuestra boda.
Yo había entrado en Global con la seguridad de encontrar en Aurelio Cominges a un mafioso de alto nivel y la realidad era mucho más prosaica: Aurelio en aquella organización era poco más que el chico que se encarga de surtir a sus jefes del protocolario café, y de paso de atender a alguien como yo. En la organización había, al menos, dos personajes de mayor calado, Santiago y Marco Santillana. En otro sentido, la clientela si parecía adaptarse a lo que había imaginado encontrar allí. Y si tenía alguna duda solo debía fijarme en la catadura del tipo que se sentaba al volante del Jaguar, quien por cierto seguía vigilándome a través del retrovisor.
Tenía olfato el fulano.
Me apetece caminar, decido hacerlo hasta llegar a mis barrios, desde la montaña hasta el mar. Parece una heroicidad pero no lo es, no en Barcelona, una ciudad encorsetada por la geografía.
Además hace bajada.
Mientras camino veo pasar gente joven, todo el mundo en la zona parece joven, sana y jovial. Jóvenes mamás, niños jóvenes y atractivos ya desde su cochecito de bebé, jóvenes bulliciosos de ambos sexos con sus mochilas escolares cargadas a la espalda, jóvenes ejecutivos que si perseveran un día dirigirán una empresa llena de jóvenes secretarias que sueñan con optar al Premio de Miss Piernas largas. También hay jóvenes ancianos, sentados en parques de setos pulcramente recortados, otros luciendo chándales atractivos mientras deciden si corren para mantener la forma o se caen y esperan a que una diligente ambulancia les recoja.
Yo trato de aferrarme a mis recuerdos para no sentirme desplazado, sin embargo no es fácil. Mis recuerdos de infancia, los pocos que tengo son como esas viejas fotografías de colores desvaídos, imperfectos. Como un fogonazo recuerdo una época en que pensaba que tanto podía ser astronauta como medico, fue una época corta. Los colores de las fotografías de toda esa gente son brillantes, aun lo son, algunos de ellos poseen recuerdos de infancia que son fotografías retocadas con PhotoShop.
Por supuesto no trato de aferrarme a mi futuro.
Aurelio Cominges es apenas un bebé y según mi opinión ya ejerce de aprendiz de mafioso. Lo hace en la parte soleada, la menos truculenta del oficio si quieren, pero no es menos mafioso que el malogrado Abdoulayé.
Claro que él y sus jefes no pensaran lo mismo, ellos se definirían como hombres de negocios, pero a mi no me cabe duda de Global Asesorías e Inversiones esconde niños muertos en el armario del fondo, el que está lado de la Sala VIP.
Empiezo a ponerme de mala uva. No me conviene repasar pasados ni futuros, en mi caso sería una imbecilidad. Mi vida ha sido siempre presente, el pasado apenas existe y el futuro solo aparece cuando veo acercarse la vejez. El pasado es un paisaje borroso. El futuro es temor e indignación. Nada bueno en cualquier caso.
Voy a joder a Aurelio Cominges.
¿Y a Santiago y Marco Santillana?.
Dos perfectos hijos de puta con cara de buena gente. Y corbata de doscientos euros.
También voy a joderlos.
En este momento no me acuerdo de que yo trabajo por cuenta de Fausto Baliarda.
Algo que no me conviene olvidar.
Hace un día soleado, precioso.
Por cierto ¿dónde cojones se ha metido la gente desgraciada de la zona?, ¿los matan para que no desentonen, los incineran en cuanto se muestran infelices?.
Tal vez no, probablemente están cómodamente cuidados por encantadoras enfermeras que un día soñaron con llegar a secretarias con opciones de presentarse al concurso de Miss Piernas Largas, pero descubrieron que en el ordenador no se teclea con las piernas, por preciosas que sean.


TELETEXTO DE TVE-
NOTICIA A PARECIDA EL 17/11/2012
DESARTICULADA RED DE TRATA DE BLANCAS EN ESPAÑA.

La Policía Nacional y el Servicio de Seguridad Ruso han desarticulado una organización criminal que trasladó a ocho mil mujeres rusas para su explotación sexual en España desde el año 2005 con falsas ofertas de trabajo.
La trama que enviaba un promedio de veinte mujeres por semana es responsable del traslado del setenta por ciento de las mujeres rusas traídas a España para su explotación sexual.
En la operación han sido detenidas dieciocho personas, entre ellas el cabecilla de la trama y se han efectuado doce registros en diferentes locales y viviendas particulares. Se han intervenido sesenta y cinco mil euros en efectivo.